Mejores momentos | Capítulo 6
Papá invita a Bárbara Clavo para enseñar arte, pero la familia descubre que puede programarla… y todos quieren aprovecharse.
La familia de Rafaela vuelve a verse envuelta en un caos tecnológico en el sexto capítulo de Rafaela y su loco mundo, cuando Termitonta, el asistente doméstico con más errores que actualizaciones, entra en “modo dramático” y empieza a comportarse como si quisiera tomar el control de la casa. Aunque su amenaza nunca pasa de frases grandilocuentes y luces parpadeantes, el susto es suficiente para que Papá decida que la familia necesita “más arte y menos robots”.
Con esa idea en mente, invita a la casa a Bárbara Clavo, una escultora conceptual conocida por obras tan enigmáticas como polémicas. Su misión: enseñar arte a Rafaela y, de paso, equilibrar el ambiente.
Sin embargo, Corpus desconfía desde el primer minuto. Para él, Bárbara no es una artista visionaria, sino una estafadora con discurso pretencioso y demasiados silencios dramáticos.
La sorpresa llega cuando Rafaela descubre accidentalmente que Bárbara no es exactamente humana.
Bajo su apariencia bohemia, la escultora esconde un secreto monumental: es un cíborg con una base programable en el cerebro. Un hallazgo que transforma la desconfianza inicial en pura ambición familiar. Si Bárbara puede reprogramarse… ¿por qué no ajustarla un poco a conveniencia?
A partir de ese momento, cada miembro de la familia intenta “optimizar” a la artista según sus propios intereses: Papá quiere que enseñe arte clásico, Corpus quiere que confiese sus supuestas estafas, y Rafaela… bueno, Rafaela quiere convertirla en la mejor compañera de juegos jamás creada.
El resultado es un cóctel de comandos contradictorios, caos doméstico y una Bárbara Clavo que empieza a mezclar performance, matemáticas y recetas de cocina sin previo aviso.